domingo, 1 de febrero de 2015

31-E; La marcha del Cambio

Cuando me enteré de la Marcha del Cambio que Podemos había fijado para el 31 de enero temí que se convirtiera en un arma de doble filo. Así como la victoria de Syriza puede terminar volviéndose en su contra dependiendo del modo que se desarrollen los acontecimientos en Grecia, una marcha tan multitudinaria tenía muchas posibilidades de torcerse. Según la formación, fueron trescientas mil personas las que salieron a la calle a celebrar que 2015 será el año del cambio, y por las fotografías y vídeos que han circulado por la red no me resulta nada difícil de creer. Eso sí, la Delegación del Gobierno del PP, siempre reacia a este tipo de cuestiones, ha rebajado la cifra a cien mil.

Mientras UPyD apenas pudo reunir a unas pocas decenas de simpatizantes en la Puerta del Sol este mismo mes -la mitad de los cuales serían meros curiosos- y el PSOE y el PP amasaron la ridícula cifra de doscientos o trescientos asistentes cada uno, la exitosa exhibición de fuerza que ha mostrado la nueva formación deja clara una cosa: el pueblo está con Podemos. Lejos quedó eso de "son unos frikis" o "no son más que un grupo marginal". Después de este histórico acontecimiento -que muchos ya lo llaman "el nuevo 15-M"- han dejado patente que son mayoría y que en las próximas generales las opciones serán o el PP o Podemos.

En cuanto al PSOE, ese partido que nació socialista y que, hoy por hoy, es tan de derechas como el Partido Popular, hace ya mucho que perdió el norte. Las acciones que ha ido tomando desde el inicio de la crisis no son compatibles con sus siglas, y eso, unido al escándalo de los ERE en Andalucía, la crisis de liderazgo del actual secretario general y una infinidad de detalles más, ha creado dentro de la formación una seria crisis de identidad. Luego tenemos a Izquierda Unida, un partido que nunca ha sabido conectar del todo con la gente y que siempre tuvo miedo al éxito. Se han convertido en el "Podemos descafeinado", un Podemos más light que ofrece lo mismo pero más gris. 

Pese a todo, sigo sin imaginarme al señor Iglesias de presidente, y no lo digo por la coleta o porque se compre la ropa en Alcampo, sino porque siempre me ha dado la sensación que todo esto le viene demasiado grande. No creo que él mismo se imaginase hace tres años que podría llegar a la presidencia en 2015, y teniendo además todas las de ganar. Acostumbrado a verlo todo en términos  estrictamente teóricos y a desgañitarse con discursos que dicen el qué pero no el cómo, no creo que dirigir todo un país le haga en realidad demasiada gracia. ¿Será a caso víctima de su propio éxito?

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