lunes, 17 de noviembre de 2014

El museo de cera, de Jorge Edwards



Esta curiosa y aguda novela empieza mostrando a nuestro protagonista en todo su esplendor. Amante de la riqueza y el buen vivir, el marqués de Villa-Rica se muestra a sus anchas con su principesca mansión, increíbles colecciones de antigüedades y varios carros de cuatro caballos en un mundo plagado de helicópteros y televisores. La innovación y el despertar tecnológico, lejos de causarle cierta curiosidad, parecen no tener para él la menor importancia. Su contento se reduce a pasearse con todo su señorío e imponente porte y dirigirse cada día a su mesa de baccarat del Club.

El marqués, un dinosaurio de pronta extinción, se hizo famoso en el pueblo por portar su reluciente bastón con empuñadura de plata y vestir con levita. El bastón, arma usada contra cualquier harapiento mendigo que circundara por sus impolutos muros, le daba un aspecto señorial nada desdeñable. Todo esto, unido a un protuberante abdomen, mirada altiva y cierto mal genio, hacía que impusiera "respeto" allá por donde fuera. Lamentablemente, un matrimonio frustrado, junto con los cambios socio-políticos que se estaban gestando en la sociedad chilena, acabarían por costarle la salud.

El autor, Jorge Edwards, consigue, con cínico humor y rampante ironía, retratar la degradación y posterior caída en desgracia del marqués con una prosa inteligente que casi parece guardar una segunda historia de fondo. Mezcla lo trágico con lo cómico, y este extraño batiburrillo, lejos de causar indigestión, consigue que la historia adquiera ese doble significado que todo buen lector sabe apreciar. Sin duda, se trata de un libro que recomiendo leer.

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