martes, 9 de septiembre de 2014

Desmontando la conspiración de los Chemtrails

Ejemplo de "Chemtrails" (foto de la IIGM)
Hay veces que no me explico cómo es posible que ciertas teorías conspiranoicas hayan logrado tener tanto renombre. Cuestiones tales como el Caso Roswell o las mutilaciones de ganado son fácilmente explicables si se sabe dónde mirar. Los extraterrestres, aunque a algunos les cueste creerlo, tendrán seguramente ocupaciones más importantes que estar dándonos por saco día sí y día también. Cuando a veces navego por la red y me encuentro con barbaridades tales como "la teoría de la tierra hueca" me da la sensación de que estamos cayendo en el mismo error que los antiguos babilonios con su teoría geocéntrica  del universo. Señores, a ver si nos damos cuenta de una vez.... NO SOMOS TAN IMPORTANTES.

Los creyentes en los "chemtrails" establecen que esas aparentes estelas de avión no son tales, sino que en realidad están compuestas por peligrosos productos químicos que afectan al ser humano. Las razones para tal afirmación van desde conspiraciones extraterrestre hasta planes secretos por parte de los gobiernos para detener la sobrepoblación, cambiar el clima, propagar enfermedades o alterar el ADN. Todo esto estaría muy bien si aportaran pruebas de algún tipo, pero en lugar de ello se escudan con la machacada frase de "hay que ser abiertos de mente". Una falacia argumental a la que muchos ya estamos acostumbrados. 

Es frecuente que esas "mortíferas estelas" se confundan con cirros, unas nubes compuestas por cristales de hielo que forman bandas delgadas. Y si a esto le sumamos el efecto óptico meteorológico que a veces producen (la llamada irisación) obtenemos el ingrediente perfecto con el que se culmina la conspiración de conspiraciones. Una conspiración que utiliza elementos naturales vendiéndolos como artificiales a modo de "prueba irrefutable". Luego, los que no se contentan con lo anteriormente mencionado hacen análisis en los suelos con el fin de encontrar presencia de químicos, cosa harto absurda si consideramos que los análisis deberían realizarse en las nubes para poder demostrar "algo".

Xavier Giménez Font, un profesor de química de la Universidad de Barcelona, ha dicho hace unos días que los "chemtrails" no existen. Explica que son estelas de condensación y fruto del vapor que despiden los aviones, los cuales se condensan rápidamente a causa de las bajas temperaturas. También manifestó que no es nada extraño que las estelas permanezcan visibles durante horas ni que se expandan solas, por lo que ya tenemos otro supuesto "argumento" que utilizaban como "evidencia" desmontado. Para terminar de poner la cereza sobre el pastel, apostilló que "si el origen de las estelas fueran fumigaciones con compuestos químicos tóxicos, no tendrían el aspecto de nubes y serían invisibles. Además, desde 10.000 metros de altura llegarían tan diluidas al suelo que anularían su efecto tóxico".

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