viernes, 1 de agosto de 2014

Sobre vida extraterrestre, OVNIS y demás...


Al contrario que muchos, cuando oigo la palabra extraterrestre no se me arquea una ceja y miro a mi interlocutor con aire divertido. No lo etiqueto de "friki" o conspiranoico ni empiezo a creer que el pobre desgraciado ha perdido la cabeza por ver demasiadas películas o, lo que a veces resulta más perjudicial, por escuchar a algún que otro iluminado. La existencia de vida inteligente fuera de nuestro planeta es un tema muy serio que lleva preocupando secretamente a distintos gobiernos desde hace años. De hecho, sin ir más lejos, la aceptación por parte de la comunidad científica es ya generalizada, por lo que es muy poco probable que seamos el único ser vivo capaz de pensar y razonar en todo el universo (o universos, vaya usted a saber).

El problema de todo esto erradica en que todavía nos encontramos en pañales en cuanto a tecnología se refiere. Nuestra imaginación siempre ha ido muy por delante de los avances tecnológicos reales, y probablemente no me equivocaré si digo que para que seamos capaces de crear esas asombrosas naves interestelares que recorren millones de kilómetros en una cantidad ínfima de tiempo todavía faltan no cientos, sino miles de años para llegar a ese nivel. Deberíamos resolver antes el problema energético (entre otras cosas) y esos constantes "roces" o "zancadillas" que suelen interponerse para que el petróleo siga siendo la mayor fuente energética a nivel mundial. Una notable inversión en la búsqueda de alternativas más asequibles económicamente y con mayor potencial sería un aceptable comienzo, pero lamentablemente aún no hemos llegado a ese punto.

Mucha gente, cuando intenta enfocar y llevar a la vida real esas tecnologías futuristas que tan a menudo vemos en las películas se les antoja algo completamente irrealizable, y si uno lo piensa con cierta parquedad no es nada que se les pueda reprochar. No obstante, a lo largo de la historia diversos escritores han logrado adivinar tecnologías futuras que en su momento parecían disparatadas. Ejemplos los hay a montones, como el caso de Julio Verne y su viaje a la luna o el famoso "telephot" del escritor Hugo Gernsback en uno de sus libros donde la gente podía comunicarse a grandes distancias viéndose las caras. La obra de Edward Bellamy en la que describía una tarjeta que sustituiría al dinero en papel es también otro dato a tener en cuenta. ¿Os imagináis lo que pensarían esas personas del siglo XIX o de principios del XX al leer tales "burradas"? "Pura ciencia ficción" dirían... 

Por estas razones creo es conveniente tener siempre la mente abierta y no cerrarse en banda ante cualquier "hipótesis" o "teoría" que se salga de lo comúnmente aceptable. En 2011, por poner otro ejemplo, en un congreso internacional dedicado especialmente a la vida extraterrestre (sí, tal y como he dicho, es un tema que preocupa) un científico ruso cometió la "osadía" de decir que en 20 años lograremos encontrar vida extraterrestre en otros planetas, pero no vida extraterrestre a modo de microbios, no, sino vida inteligente. El susodicho científico se basó en los notables avances que han habido en los últimos tiempos, y si añadimos el detalle de que este hombre es el director del Instituto de Astronomía Aplicada de la Academia Rusa de las Ciencias nos percatamos de que no es un cualquiera.

Yéndonos a los casos de avistamientos OVNI, cuando escucho o leo diversas historias sobre el tema lo primero que me viene a la mente no es si el "relato" es cierto o no (el 90% o 95% de los casos son perfectamente explicables), sino la escala real de vida inteligente que debe existir allá fuera. ¿Es algo muy común o un fenómeno extraordinario que se da de forma puntual? ¿Somos acaso unos palurdos ignorantes rodeados de extraterrestres, siendo observados e incluso analizados sin darnos cuenta siquiera? Y en el caso de ser así, ¿nos gustaría saberlo? Todas estas preguntas y muchas más se me agolpan en la cabeza al pensar en este tipo de cuestiones, ya que de ser realmente abundante la vida extraterrestre  deberíamos empezar a hacer un poco más de caso a esos locos que afirman haber visto a platillos volantes y demás "vivencias" estrafalarias. De ser ese el caso no haríamos mal en plantearnos muchas cosas, en especial si es inteligente enviar "mensajes" al exterior proporcionando información sobre nuestra especie y ubicación.

La polémica sobre si conviene gritar a los cuatro vientos que existimos o escondernos todo lo que buenamente podamos es otro tema que llevaría para largo, pero el propio Stephen Hawking alertó que, conociendo la naturaleza humana, no deberíamos bajo ningún concepto dar a conocer nuestra existencia. La razón es sencilla y el propio lector lo habrá podido deducir con antelación: de recibir "alguien" el aviso puede que no viniera con buenas intenciones. Lo paradójico de todo el asunto es que esta deducción tan sencilla parece que no la pudieron hacer aquellos que lanzaron a las Voyager, allá por el año 1977, con un disco de oro cuyo valioso contenido iba desde sonidos hasta imágenes de la tierra que retrataban en cierto modo nuestra cultura. Supongo que llegados a este punto no me queda otra que remitirme a lo que dijo Albert Einstein en más de una ocasión: "hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana, y del universo no estoy seguro".

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