martes, 12 de agosto de 2014

Jacobo I de Inglaterra y sus "favoritos"


Algo que siempre me ha llamado la atención en los monarcas de la antigüedad es ese vicio de tomarse a sí mismos demasiado en serio. Bromear sobre "su majestad" en aquella época era considerado como alta traición, y ya ni hablemos de los entresijos, intrigas palaciegas, traiciones y ambiciones de poder que se daban en la corte. Muchos creen, por ejemplo, que las puñaladas traperas que se ven en "Juego de Tronos" son una versión exagerada de la realidad, pero en la oscura edad media (472-1496) y la no menos agitada edad contemporánea (1496-1789) ser como el honorable Eddard Stark era sinónimo de morir asesinado a una edad temprana. Vamos, que un simple herrero podía tener perfectamente más posibilidades de morir de viejo que un incauto noble de alta cuna.

Cuando hablamos de Jacobo I de Inglaterra a cualquiera que haya leído algo sobre él le vendrán a la mente sus "favoritos" (gente elegida a dedo por el monarca y a los que colmaba de regalos) y la personalidad excéntrica de la que hacía gala. Era un amante de la caza, le encantaba comer y beber sin medida y se consideraba a sí mismo como un erudito de alta categoría. Es más, a veces se flameaba tanto con sus discursos en latín, inacabables citas bíblicas y lecciones de moral que hasta los más altos cargos religiosos, teólogos y juristas se sentían abrumados ante tanta palabrería. Eso sí, pese a sus elevados conocimientos siempre se le ha considerado todo un cobarde, vanidoso y caprichoso en extremo. Solo con los agasajos y favores que le daba a sus "favoritos" vació el tesoro real dejándolo en números rojos, cosa que le granjeó no pocas enemistades.

Otra peculiaridad que podemos añadir sobre Jacobo I es que ofrecía títulos de nobleza a todo aquel que le caía bien. Esto último ocasionó agudas disputas y enemistades que dejaron al rey en una posición precaria ante la clase noble, que veía cómo se otorgaban de forma arbitraria ciertos títulos que a ellos les costó en su día horrores conseguir. Lo consideraban un insulto y así se lo hicieron saber en multitud de ocasiones, pero él hacía oídos sordos y seguía a su aire. Todo esto provocó que tras su muerte muchos ingleses le vieran como un rey incompetente, caprichoso y torpe que gastó sin medida y sin tener en cuenta las necesidades del Estado, pero con el tiempo se ha ido suavizando esa negatividad hasta considerarlo en la actualidad como un buen soberano que, pese a sus pegas, supo mantener la paz con España gracias a la habilidad diplomática de Robert Cecil y Henry Howard.

Aún así, y a pesar de que era un monarca desaseado, poco organizado y fácilmente irritable con frecuentes ataques de ira hay que reconocerle una cosa: inteligencia política no le faltaba. Tal atributo se puede apreciar fácilmente con la boda que planeó entre el príncipe de Gales y la infanta María Ana de España. No fue más que una excusa para evitarse la guerra durante un tiempo, y como mientras ambos países mantuvieran las negociaciones matrimoniales no podían entrar en guerra las fue aplazando durante casi 10 años. Huelga decir que al sector protestante no le gustó nada tal unión.

La política de Jacobo I era agotar todos los plazos posibles para tener la sombra de la guerra bien lejos. Él era feliz vaciando el tesoro real en pos de sus favoritos y llevando una vida holgada, así que una guerra no entraba en sus planes porque que el país no estaba para gastos. Desgraciadamente, su "política pacifista" se fue al traste en 1618 cuando se inició la "guerra de los 30 años". Por esta razón se recrudecieron las discusiones con el parlamento al intentar aprobar los presupuestos para la guerra, que no solo resultaron insuficientes, sino que surgió de nuevo el tema del matrimonio con la infanta católica Ana María con mayor recrudecimiento. Al final, viendo que no llegaría a ninguna parte, disolvió airado el parlamento.

Por otro lado, los conflictos del rey con los católicos siempre fueron tensos y estuvieron llenos de rifirrafes, pero éstos no verían su punto culminante hasta el 5 de noviembre de 1605 con la llamada "conspiración de la pólvora". Es aquí, de hecho, donde entra en juego uno de los personajes que la película "V de vendetta" (basada en las 10 novelas gráficas de Alan Moore) encumbraría de un modo que yo todavía no entiendo: Guy Fawkes, un extremista católico que pretendía hacer volar por los aires el palacio de Westminster con el rey, su esposa y demás compañía dentro. Afortunadamente para ellos lograron  cogerle poco antes de que comenzaran los "fuegos artificiales", razón por la cual fue torturado hasta que reveló los demás involucrados en el frustrado atentado. El final de los pobres desgraciados es de sobra conocido.

Sobre este personaje se ha dicho, escrito y hablado mucho. A causa de esa conocida afinidad que profesaba hacia los barones y la rapante indiferencia que demostraba con las mujeres se especuló que era homosexual o, como mínimo, bisexual. En aquella época debió ser la comidilla de la corte, pero finalmente se ha quedado en un "rumor" que ya no lo es tanto si tenemos en cuenta que sus "favoritos" se mantenían siempre pegados a él (ser favorito del monarca=+poder) y los colmaba de riquezas, extensas tierras y suntuosas joyas. A partir de aquí ya dejo que el lector saque sus propias conclusiones...

2 comentarios:

  1. Quizá es el que inspiró al personaje de Renly Baratheon, aunque no sé yo... (Dani Medela)

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