miércoles, 18 de junio de 2014

Libros nuevos o de segunda mano, ¿qué es mejor?


Con toda la que está cayendo, y como el nivel económico de un estudiante no da mucho de sí, quien sea un lector habitual se encontrará continuamente con el mismo problema a la hora de comprarse un libro: el dinero. Sé que muchos estaréis pensando en los e-books y la increíble capacidad que tienen para almacenar cientos de libros a unos precios envidiables o literalmente gratis, pero considero al libro electrónico como un instrumento dudosamente económico por su poca durabilidad y los elevados precios que tiene en el mercado. Al final, a no ser que seas un lector empedernido que se lea un libro al día, te acaba saliendo más caro que comprar los libros en papel.

Personalmente, siempre he visto un exceso que ciertos libros alcancen precios de 30 euros cuando realmente no tienen nada especial. La mayoría de ellos poseen una encuadernación estándar bastante pobre y con una calidad de papel tan baja que a los dos o tres años las hojas ya están comenzando a tostarse. A veces incluso se me ha llegado a desprender la propia encuadernación mientras me encontraba inmerso en la lectura, cosa harto indignante teniendo en cuenta el dineral que me he tenido que gastar para adquirirlo. Como resultado inequívoco de mi experiencia con esos libros nuevos, por estrenar, pero extraordinariamente malos en cuanto a calidad se refiere, he terminado yendo a las librerías de segunda mano, que te cuestan a lo sumo 3,5 euros y muchos de ellos son del 2013 o incluso de este mismo año. 

Al contrario de lo que dicta la creencia popular, cuando uno entra en este tipo de librerías no se topa con libros ajados de los años 20 que se rompen con tan solo mirarlos, sino con libros relativamente nuevos que a veces incluso están por estrenar con el debido envoltorio de plástico aún intacto. De hecho, he llegado a comprar algunos de los años 40 o 50 encuadernados a la antigua y aún sin usar, y lo sé porque en ese tipo de encuadernación muchas de las hojas están unidas en los extremos (para poder leerlo hay que separarlas). La verdad es que desconozco el porqué, pero todos los que me comprado de este tipo tienen un color de papel casi tan blanco como la cal pese a contar con más de 60 años. Curioso, ¿verdad?

A decir verdad, este brutal contraste entre el precio y la calidad se da en todos los ámbitos, incluso en el vino, cuyos precios son a menudo engañosos. A veces, que una botella te cueste 3.000 euros y otra apenas 30 no quiere decir que la primera conlleve una elaboración más compleja y de muchísima más calidad, sino que forma parte de una marca de renombre y de muy buena reputación que puede permitirse esos precios. De hecho, suele darse el caso de que esa botella de 30 euros se haga en la empresa de al lado y que sea exactamente el mismo tipo de vino al tratarse de la misma uva, pero claro, la marca manda, ¿no? (ojo, que esto no me lo estoy inventando). Por esta razón, cuando veo a alguien comprarse un vino caro no puedo evitar pensar si sabe lo que tiene en las manos. Los precios son, como casi siempre, incoherentes hasta el extremo.

Como reflexión final, decir que si lo que se quiere es economizar los libros de segunda mano son la mejor opción. Es más, no solo te cuestan más baratos, sino que tienes más probabilidades de hacerte con algunos cuya esperanza de vida útil sea notablemente superior a la media actual. Antiguamente no se usaban tantos químicos para producir papel, por lo que resulta irónico que los libros de inicios de la imprenta, 1475, se conserven mejor que aquellos que apenas cuentan con 40 años. A decir verdad, muchos "libreros de viejo" ven en esto un verdadero problema, ya que para conservar las páginas como es debido se ven obligados a desmontar completamente los libros y quitarles ese ácido que corroe tanto el papel.

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