lunes, 16 de junio de 2014

El siniestro humor de Stalin


Sobre Stalin ya hablé en un post anterior, pero me dejé algo muy importante en el tintero sobre este personaje que vi conveniente exponerlo en otra ocasión para no volver la lectura tediosa. Se trata de su peculiar humor, una característica que muchos desconocen de este tipo y que no dejará indiferente a nadie. Lo más sorprendente de todo no es, quizá, que poseyera también la capacidad de reírse sobre algo sin tomárselo todo tan enserio, sino cómo empleaba ese concepto tan dispar llamado humor ¿A caso creíais que esta clase de dirigentes no sabían bromear y pasar un buen rato?.

A estas alturas no es ningún secreto que el líder soviético tenía cierta afición por hacer purgas. Llámenlo hobby o paranoia, pero sabedor del ciego terror que esto ocasionaba en sus "camaradas" no podía evitar que le surgiera esa vena sádica al "bromear" sobre el tema. A veces, que Stalin te dijera al encontrarte con él de pasada frases del tipo <<Hola camarada, veo que todavía no le han arrestado como lo ordené. Iré a ver la razón del retraso>> podía ser simple malicia o una inequívoca insinuación de que te tenía fichado y serías el siguiente. Huelga decir que la víctima de la "broma" pasaba las noches siguientes sin dormir por el temor a que realmente lo apresaran, ya que con Stalin nunca se sabía. Era como una verdadera ruleta rusa.

En otras ocasiones, cuando se reunía a cenar con los compañeros del régimen, soltaba como quien no quiere la cosa que ya estaba demasiado viejo y debía dimitir al tener los días contados. Aquel que le conociera y tuviera cierto apego por la vida se deshacía en alabanzas hacia su persona y le decía que no moriría nunca, pero los que caían en la trampa y le daban la razón eran apresados esa misma noche por "traición a la patria". Constantemente sometía a sus allegados a este tipo de pruebas mediante preguntas maliciosas que podían suponer tu perdición según qué respuesta dieras, y no me equivocaré al decir que en esas míticas cenas debía reinar en el ambiente una tensión brutal. Nuestro protagonista, sin embargo, parecía pasárselo bomba en aquella sufrida y pesada atmósfera.

Si nos vamos a las salidas repentinas de las que hacía alarde convirtiendo un motivo de irritación en aguda broma no podemos olvidar esa ocasión en la que, sin quererlo, el ministro Bolshakov manchó torpemente su blanco e impoluto traje con tinta. En aquel mismo momento se le debió mudar el semblante, pero su angustia tuvo que ser mayúscula cuando Stalin, mirando fijamente a todos los presentes y sin decir palabra, se fue de la estancia con aparente indignación. Segundos más tarde, se presentaron varios soldados armados que les rodearon en actitud amenazante para, tras una espera que se les hizo eterna, aparecer el "pequeño padre de los pueblos" con una sonrisa radiante y un traje nuevo.

Famosa fue también aquella ocasión en la que De Gaulle visitó la URSS. El líder soviético le comenzó a presentar a varios de sus colaboradores con agudas bromas que no sabían cómo tomarse los interpelados. De Gaulle empezó a sentirse ciertamente incómodo al escuchar joyas del tipo <<Éste es mi ministro de transportes -luego, le dice a escondidas-. Él sabe que si los trenes no llegan a tiempo será fusilado inmediatamente>>. Salidas tétricas de esta clase las oyó hasta cansarse, y supongo que debía ser todo un show observar las caras de poker de sus camaradas al oír esas supuestas amenazas cubiertas bajo un dudoso manto de dicharachero humor. De hecho, De Gaulle diría más tarde que Stalin tenía un cierto encanto siniestro.

Yéndonos a la temática del cine, en 1992 hicieron una película sobre la vida Stalin que creo que plasma muy bien cómo era en realidad este atípico personaje. En una de las escenas en las que aparece Nikolái Bujarin con su esposa, cuando se encuentra ya entre la espada y la pared y sabe que lo van a apresar en cuestión de horas o días, recibe en su casa a un par de soldados armados hasta los dientes que le dan una orden de desahucio. Bujarin, completamente atónito ante lo que está pasando no sabe qué hacer, pero entonces llama a Stalin y éste, saboreando la broma con siniestro placer, termina increpando a los soldados diciendo que se larguen. La verdad es que desconozco si esta situación se dio de verdad o no, pero tratándose de una película histórica que sigue fielmente cada uno de los pasos y acciones que llevó a cabo me puedo llegar a creer que ocurriera de esta forma. 

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