martes, 27 de mayo de 2014

Reflexión sobre las Elecciones Europeas

Tal y como era de esperar, en las elecciones europeas ha salido el PP como primer partido más votado. Ha sido, pese a todo, una victoria agridulce que ha puesto en evidencia el notable debilitamiento del bipartidismo en este país. Una sangría que le ha hecho perder al Partido Popular 8 puntos respecto al año 2009 y cuyo contrincante más directo, el PSOE, no se ha quedado mucho mejor al perder 7 puntos. El batacazo que se ha dado el partido "socialista" ha llevado al hasta ahora secretario general, Alfredo Pérez Rubalcaba, a renunciar a presentarse como candidato en las próximas elecciones generales. Lo ha hecho de un modo cansino, alargando mucho la charla y dando infinitos rodeos en la rueda de prensa, pero lo innegable es que su "época" ya ha pasado. De Rubalcaba ya no cabe esperar mucho más a no ser que nos sorprenda yéndose a trabajar para alguna empresa eléctrica como ya es costumbre en nuestro país.

Algo reseñable en toda esta historia es que dudo mucho que el PPSOE esperara que Podemos, de apenas cuatro meses de vida y representado por Pablo Iglesias, arrasara de tal forma que incluso consiguiera 5 escaños. Sin duda, se trata de un toque de atención que Rajoy y compañía no pueden obviar por mucho que de puertas para afuera intenten aparentar cierta "alegría" por la supuesta victoria. A mi modo de ver, y juzgando las reacciones fuera de lugar que se han dado por ciertos políticos de este mismo partido, se encuentran ante una encrucijada de muy difícil salida que les toca profundamente la moral. Al fin y al cabo, el descarado lavado de imagen que nos han querido encasquetar de un país completamente recuperado con un empleo floreciente no ha colado, y si de algo estoy seguro es que en lo que queda de legislatura asistiremos a una grotesca e incesante publicidad que favorezca al PP.

Sin ánimo de ser aguafiestas, no hay que olvidar que el Parlamento Europeo es una institución consultiva y no vinculante. No son los que toman realmente las decisiones y mucho menos los que deciden lo que acontecerá en Europa. Dicho poder de decisión recae sobre la Comisión Europea y en Consejo Europeo, que no son elegidos por el pueblo. Además, tampoco hay que olvidar que la Unión Europea surgió a través de la Comunidad del Carbón y el Acero (creada en 1950), una alianza económica y neoliberal. De este modo podemos extraer dos conclusiones bien claras: que el parlamento europeo no posee las competencias necesarias para ejercer la función de un verdadero parlamento y que no tiene capacidad legislativa propia. Es decir, que en realidad tiene la misma utilidad práctica que un billete de 15 euros.

Llegados a este punto muchos se preguntarán porqué entonces se elige el Parlamento Europeo y lo publicitan como lo que no es, es decir, algo democráticamente útil. Pues bien, la respuesta es simple: para dar a los ciudadanos la falsa creencia de que son ellos quienes eligen la política y a quienes les representan. Vamos, que nos hacen participar en una farsa para mantenernos quietecitos y tranquilos sin armar follones. Luego, los que conocen ya de antemano la inutilidad del voto en un sistema así tienen que ver cómo ciertos políticos ensalzan a esa moneda única que ha pretendido unificar a países con problemas radicalmente opuestos.

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