viernes, 11 de abril de 2014

El holandés errante, detrás del mito.

El holandés errante es, quizá, el barco fantasma más famoso de todos los tiempos. Un buque condenado a surcar los océanos por toda la eternidad sin posibilidad de volver a puerto. Según la leyenda, es siempre visto desde la distancia con un leve resplandor fantasmagórico que hace estremecer hasta el más avispado marinero. Si los tripulantes todavía tienen la osadía de saludar a la tenebrosa aparición, los fantasmas del pecio errante les harán llegar mensajes para que los envíen a personas muertas decenas de años atrás. Las versiones que se cuentan varían según el país, distinguiéndose apenas en ciertos matices, pero... ¿cuál su origen real?.

Siendo más precisos en la historia, la leyenda original citaba que un capitán holandés llamado Willem van der Decken quería surcar para siempre los mares superando cualquier imprevisto natural que se le interpusiese. Para ello hizo un pacto con el diablo, quien le prometió, a cambio de su precio convenido, librarlo de cualquier incidente y asegurarse de que llegara a puerto sano y salvo en todas las travesías. No obstante, dios se enteró de la intentona de Decken y le condenó, como castigo, a vagar por los siete mares  sin poder sentir lo que es pisar tierra firme de nuevo. Un desmesurado castigo que porta la marca inconfundible del dios bíblico: la mala leche.  

Lo que en realidad pasó fue que, allá por el siglo XVII, un tal capitán holandés Bernard Fokke era tan rápido en sus navegaciones entre Holanda y Java  que los ignorantes y supersticiosos lugareños del lugar creían que había hecho un trato con el diablo para tal fin. Desconozco si lo que se cuenta a partir de aquí se ha visto contaminado por la imaginación clásica de los marineros de la época, pero se dice que el señor Fokke juró de cara a una terrible tormenta no dar marcha atrás hasta que hubiera doblado el cabo de buena esperanza aun si ello le costase llegar al Juicio Final. A su vez, también se especuló que en sus bodegas y camarotes se dio un fatídico asesinato o que fueron víctimas de una inoportuna epidemia, lo que propició que no fueran capaces de llegar a puerto.

Al final, lo único cierto aquí es que la mítica leyenda se basó en un experimentado capitán holandés que sabía cómo surcar rápido las aguas. Tan rápido que la gente empezó a entretejer una oscura leyenda entorno a su figura, sobretodo cuando desapareció con el barco sin dejar rastro, víctima muy probablemente de un temporal. Desde luego, pagaría por ver la cara de incredulidad que se quedaría si por algún imposible caso hubiese llegado a prever toda la fábula que se crearía entorno a él.

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