sábado, 22 de marzo de 2014

¿Por qué se prohibió la marihuana?

Si hay algo de cierto es que no existe una razón lógica para explicar porqué el alcohol es legal y la marihuana no. El cannabis mueve una ingente cantidad de dinero negro en todos los países, así que legalizarla supondría una cuantiosa inversión y ganancias para la economía mundial. El presidente de Uruguay, José Mujica, la legalizó parcialmente para evitar justamente que aumentara su tráfico ilegal y, ya de paso, combatir el crimen organizado. Los ciudadanos uruguayos pueden ahora consumir una determinada cantidad al día, y que se sepa no han perdido la moral, el país no se ha sumido en el caos ni han empezado a matarse unos a otros. Todo sigue como siempre, pero con una diferencia: el tráfico negro de la planta ha disminuido desde entonces. De modo que, conociendo este caso… ¿por qué esa reticencia por legalizarla?.

Si queremos buscar la razón original de su prohibición debemos irnos a principios del siglo XX. El cáñamo venía siendo usado tradicionalmente para producir papel, cuerdas y telas. En un principio no presentó una gran competencia con la industria textil, especialmente para el algodón. Su producción era más lenta, dificultosa y molesta por la pestilencia que emana durante el procesado, pero esto pronto cambió cuando se inventó una máquina que revolucionaria y, a la vez, condenaría a la susodicha planta: el descortizador.

Esta nueva máquina separaba las fibras duras de las blandas en un tiempo récord, minimizaba los costes, evitaba esa incomodidad tan molesta para el olfato y permitía su producción en masa. La industria textil, hablando en roman paladino, se acojonó. Empezó a prever las cuantiosas pérdidas y a las industrias madereras también empezaron a temblarles las piernas puesto que, si la industria del cáñamo siguiera adelante, pronto la tala de árboles sería innecesaria para producir papel. Tenían que hacer algo.

La oportunidad se la daría la guerra entre EE.UU y España con Pancho Villa y sus soldados. El general mejicano y sus hombres eran bien conocidos por consumir cannabis, razón por la cual un magnate de la prensa llamado William Radolph, ciertamente escocido porque el señor Pancho le había arrebatado más de 800.000 acres de ricos terrenos en México, empezó a difundir noticias sobre la inusitada violencia que generaba consumir marihuana.

Años más tarde, en 1923, la delegación de Sudáfrica en la Liga de las Naciones afirmó que sus mineros negros eran menos productivos cuando la consumían y exigieron que se impusieran medidas internacionales para regular su uso. Inglaterra mantenía que solo tomaría medidas si se realizaran estudios científicos que abalaran su malignidad.

En 1924, sin estudios científicos que probaran sus efectos perjudiciales o su potencial adictivo, en la segunda conferencia internacional del opio se declaró que el cánnabis era un narcótico (así, porque ellos lo decían y punto) y se recomendó su estricto control. Luego, un año después se realizó un estudio que concluyó que no existían evidencias de que el cannabis fuera perjudicial o adictivo, pero al parecer no fue tomado en cuenta puesto que en 1928, sin razones científicas, el cannabis fue hecho ilegal en Gran Bretaña.

Los medios de comunicación hicieron el resto para que la opinión pública se pusiera en contra del consumo de la marihuana. Se inventaban barbaridades como que fumarla convertía a los mejicanos en asesinos. Poco después, en 1919, se prohibió la susodicha planta en todo el estado de Texas, y en 1915 se hicieron las primeras leyes estatales que prohibían también su consumo en California y Utah. 

A pesar de todo, el alcance de la marihuana no solo se reducía a la fabricación de telas y de papel, sino que también estuvo a punto de competir con el mismísimo petróleo. ¿Cómo?, pues muy sencillo: una empresa que no voy a nombrar estaba investigando la creación de combustibles y aceites derivados de la biomasa del cáñamo, lo que hubiera supuesto, a la larga, la completa ruina para las empresas petrolíferas y todas aquellas que, directa o indirectamente, vivieran del petróleo. Por esta razón otra empresa con mucho más peso económico en el país compró las patentes y las relegó al eterno olvido. Que oportuno, ¿verdad?.

Al final, el único motivo por el que se ha prohibido la marihuana no ha resultado ser de salud, sino económico. Permitir la libre comercialización de esta prodigiosa planta no conviene a ninguna empresa, sobretodo porque se le puede dar tantos usos que, muy probablemente, muchos de ellos no los conocemos todavía.


¿Qué opináis?


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Los comentarios están moderados.