sábado, 18 de enero de 2014

El hombre más inteligente de la historia.


William James Sidis es el claro ejemplo de cómo lo imposible puede hacerse realidad.  Una persona normal suele tener un coeficiente intelectual de entre 90 y 110, pero el de este individuo rondaba la friolera de 250 a 300. Algo realmente extraordinario si tenemos en cuenta que personalidades tan destacadas como  Albert Einstein y Leonardo Da Vinci no sobrepasaban los 200, ni siquiera los 180. William es, por tanto, el hombre más inteligente de la historia.

Sus progenitores, Sarah Mandelbaum Sidis y Boris Sidis, eran unos inmigrantes rusos que habían ido a probar fortuna a Nueva York en 1898 por motivos políticos (eran comunistas judíos), y desde bien temprano su padre, que era psicólogo, aplicó sus conocimientos sobre psicología para promover en él una elevada capacidad intelectual. Tanto es así que a los 8 años ya conocía, además del inglés, 8 idiomas (latín, griego, francés, ruso, alemán, hebreo, turco y armenio) y a los 7 años se inventó uno, el vendergood. Más tarde, a los 11 años, logró entrar en la universidad de Harvard siendo experto en matemáticas aplicadas y se graduó en medicina a la temprana edad de 16 años. 

En 1914, poco después de abandonar la escuela de leyes, fue arrestado en Boston por participar en una marcha comunista reivindicando el día del trabajador. La manifestación terminó en disturbios y fue sentenciado a 18 meses de prisión. En el juicio, Sidis declaró ser ateo y comunista.

Después de esto, a los padres de William se les criticó grandemente por el modo en que habían educado a su hijo y las "ideologías" que le habían metido en la cabeza. Los diarios los  tacharon de malos padres y la opinión pública se puso en su contra. Sin embargo, el problema principal con el que se encontró este joven a lo largo de su vida no fue el odio irracional que la gente del lugar profesaba hacia el comunismo, sino el rígido sistema educativo que, de forma continua, le ponía trabas  y le impedía avanzar todo lo rápido que hubiera deseado. La estructura universitaria estaba montada para la gente "normal", pero la cuestión es que él no lo era, y quizá fue esto lo que le impidió despuntar brillantemente en algo y dejar la impronta que alguien de su condición debería haber dejado. 

Falleció (supuestamente por una embolia cerebral) a los 46 años de edad tras acabar su séptima carrera y dominar a la perfección cerca de 17 idiomas.

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