domingo, 22 de diciembre de 2013

La dictadura de las eléctricas y el veto a las renovables

Las energías renovables han permitido a muchos la posibilidad de reducir costes en la factura de la luz. Métodos aparentemente tan sencillos como recoger la luz del sol o aprovechar el viento para convertir la energía generada en electricidad son procedimientos que, tras una inversión inicial, se traducen en un ahorro asegurado. Sin embargo, también es cierto que se debe tener cabeza a la hora de cómo usar esta energía, ya que si se gestiona mal puede llegar a ser un agujero económico sin fondo. 

A pesar de todo, para aquellos que han sabido sabido utilizar las energías renovables el resultado ha sido positivo e incluso instructivo. Es una forma de autoconsumir energía sin depender directamente de las dictatoriales eléctricas, que progresivamente van aumentando el precio de la luz llegando a tener unos beneficios escandalosamente altos. No les importa que a miles de familias se les corte el suministro eléctrico o que varios ancianos mueran literalmente de frío al no poder permitirse encender la calefacción. Esto último es real y está pasando mientras lees estas líneas. ¿De verdad puede un gobierno decir que España se recupera mientras personas de la tercera edad mueren en sus casas de hipotermia?. El sólo hecho de que no dejen de ver brotes verdes demuestra una vez más lo desapegados que se encuentran de la ciudadanía. Pero claro, aquí lo que importa es que este tipo de noticias no trasciendan demasiado, no vaya a ser que demos una mala imagen ante el resto de Europa. Es más importante ver como cae la bolsa.

Todo esto es consecuencia del capitalismo en el que vivimos. Ese capitalismo que pone por delante el dinero a las vidas humanas y que todavía tienen la cara de querer venderlo como ejemplo del progreso. ¿Progreso de qué?, ¿de volvernos máquinas no pensantes productoras de dinero?, ¿de perder los valores morales y humanos en pos de esa supuesta “prosperidad”?. Desde niños nos educan para ser consumidores, vivir para trabajar y no trabajar para vivir y no cuestionarnos el sistema, pero tal y como dijo Mario Moreno (Cantinflas) en una de sus películas: “El día que todos actuemos y pensemos igual dejaremos de ser hombres para ser máquinas, autómatas”.

Con el nuevo decreto ley llevado a cabo por el PP sobre el autoconsumo lo que se pretende es, básicamente, acabar en gran medida con las energías renovables. Tras aprobarse este decreto todas aquellas personas que tengan placas solares en sus casas deberán inscribirse en un registro oficial con dos meses de plazo. El objetivo de dicho registro tiene un fin muy claro: pagar impuestos especiales. Además, y por si fuera poco, se veta la opción de verter energía a la red y recuperarla después, es decir, que la que utilices deberá ser la que produzcas en el momento. La razón de que sólo se permita la energía instantánea se debe a que las instalaciones fotovoltaicas se han abaratado hasta un 80%, y lo que antes no salía rentable a causa de los altos precios ahora sí lo es. Esto, sumado al incremento de la factura de la luz, ha causado que multitud de personas recurran a la producción de energía alternativa, lo que puso en alerta a las grandes eléctricas previendo posibles pérdidas a largo plazo.

En cuanto a la energía sobrante, ésta puede ser almacenada en las baterías al no permitirse su uso y gastarla cuando no haga sol o viento. Eso sí, al consumirla deberás engancharte a la red y pagar la factura normal.

Por otra parte, UNEF establece que la susodicha reforma eléctrica hace inviable el autoconsumo. Anpier advierte sobre la quiebra que llevará a los millares de familias que invirtieron en fotovoltaica; Ecologistas en Acción lo califica de “ataque a la democracia” y Greenpeace advierte que el mercado eléctrico no funcionará mientras esté controlado por las grandes eléctricas.

Como conclusión, podemos decir que todo esto no es más que otro ejemplo de cómo los intereses económicos se oponen al verdadero progreso. Un progreso que no se mide en beneficios monetarios o en riqueza material, sino en el reparto equitativo de una energía más justa y humana. Una energía que pueda llegarnos a todos sin hacer diferencias entre clases.

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