miércoles, 20 de noviembre de 2013

La nueva ley de "protección ciudadana" y su contradicción democrática.

La nueva ley orgánica de protección de seguridad ciudadana que el gobierno va a llevar el próximo viernes al consejo de ministros está levantando no pocas ampollas. A través de la televisión nos llega, para variar, la información más polémica y controvertida, pero a pesar de que es cierto que la restricción de libertad para manifestarse es una de las principales razones de la fundación de esta ley, hay otras prohibiciones en las que creo que la mayoría estará de acuerdo.

A efectos básicos, se sancionará a quien participe en escraches, se manifiesten sin permiso ante el congreso, quemen contenedores, insulten a la policía, hagan tratos con prostitutas en espacios públicos cercanos a colegios, además de otro tipo de medidas. También se sancionará con multas que oscilan desde los 30.001€ hasta los 600.000€ si se realiza una manifestación no autorizada en las cortes, lo que se considerará como una infracción muy grave.

El botellón, por su parte, tampoco se salva de esta medida, así como el dañar mobiliario urbano, deslumbrar con punteros láser a pilotos, maquinistas o conductores de autobús. Llevar capucha en las protestas para evitar que te identifiquen será motivo de multa también.
He de decir que la nueva ley tiene sus puntos buenos como, por ejemplo, el tema de las prostitutas, dañar el mobiliario urbano y demás, pero el problema aquí es que toca un derecho fundamental en todo país democrático: la protesta.
A lo largo de los últimos años se han dado innumerables protestas, la impotencia de la ciudadanía ante la indiferencia de los políticos para con su pueblo es cada vez mayor, y la verdad es que no es para menos. Todas y cada una de las medidas económicas que se llevan a cabo se hacen para contentar a los mercados y que inviertan en España. Su finalidad no es disminuir el paro, acabar con el fraude fiscal de las grandes empresas, terminar con la corrupción o ayudar a reducir ese malestar colectivo, no es a nosotros a quienes los políticos representan puesto que sólo nos utilizan como medio para subir al poder. Los recortes no se toman de donde realmente pueden sacar dinero porque saben que los efectos colaterales que ello podría suponer les perjudicarían más que beneficiarían. Todo esto, entre otras muchas cosas, a ocasionado que la gente salga a la calle más de lo normal y el gobierno, en lugar de escuchar al pueblo, lo que hace es reprimirlo todavía más.

Nos encontramos en un punto en el que el propio sistema se ha cargado la democracia. ¿Creéis de verdad que el PSOE habría hecho algo distinto si se encontrara gobernando ahora mismo?. Es alto improbable que no hubiera tomado medidas en contra de la ciudadanía si viera que varios diputados de su propio partido sufren los escraches y que, lógicamente, la gente se encuentra cada vez más alterada. En este caso no existen las diferencias de colores, pero como dicta el protocolo absurdo por excelencia de todo político acartonado, debe llevarle la contraria a la oposición sea cual sea el tema. Este hecho, ya de por sí, hace que carezcan de toda credibilidad puesto que sus supuestos ideales giran como lo hace una veleta al viento. La memoria retroactiva para ellos parece no existir, y muy inocentemente creen que la gente no es capaz de recordar lo que dijeron hace un mes o dos semanas.

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