domingo, 10 de noviembre de 2013

John Kramer (Jigsaw), su historia.

He de admitir que son pocas las ocasiones en las que hablaré sobre un personaje de una saga de films de terror, aunque más que de terror, podríamos calificarla como “gore”.

La larga serie de películas que conforman Saw posee algo que muy pocas cintas de este tipo llegan a tener: historia argumental. Lo normal cuando uno va al cine con los amigotes a verlas es toparse con mucha sangre, tías buenas sin cerebro ni luces que terminan de las formas más cómicas posibles y, cómo no, sexo, mucho sexo. Los directores suelen emplear esta fórmula porque sencillamente es lo que al público le llama más la atención y, de ese modo, evitan freírse los sesos pensando en un hilo argumental que valga la pena. Es el método más fácil para atraer billetes, y la verdad es que resulta una lástima sacrificar buenas películas en pos del dinero.

La historia de Saw y los giros repentinos que da a lo largo de las seis películas puede resultar hasta engorrosa porque debes estar muy atento a los detalles. Esto quiere decir que si te saltas una película y pasas a la siguiente habrán muchas cosas que ocurran que no comprenderás, y es ahí precisamente donde se nota la calidad de la misma. Probablemente más de uno habrá visto una parte como mínimo dos veces por esa razón.

John Kramer, aunque cueste creerlo, era una persona muy noble y buena. Ingeniero Civil, fundó junto con su esposa una clínica bajo el lema “aprecia tu vida” para ayudar a la gente sin recursos, pero un día uno de los internos de los que se ocupaba asesinó a su hijo pequeño. Este terrible suceso lo dejó en shock, ya que su hijo suponía un sinfín de cosas tanto para su mujer como para él, pero lo que lo llevó al borde de la locura fue el hecho de que un médico deshumanizado para con sus pacientes le dijera que tenía un tumor cerebral inoperable.

Para acabar de rematar la cosa, la clínica le negó el permiso para iniciar un tratamiento que podría haberle salvado la vida bajo el pretexto de que era demasiado peligroso. No obstante, lo que verdaderamente pretendían era evitarse los costes de dicho tratamiento aun a costa de la vida de John. En ese momento, crispado por la situación, soltó un discurso que me pareció lo suficientemente bueno como para plasmarlo aquí:

"¿Sabías que en el lejano oriente la gente paga a sus médicos cuando se curan?. Mientras están enfermos no tienen que pagarles, así acaban pagando por lo que quieren, no por lo que no quieren. Aquí lo hacemos todo al revés, siempre buscando el interés. Esos políticos dicen las mismas cosas una y otra y otra vez. Las decisiones sanitarias deben tomarlas los médicos y los pacientes, no el gobierno. Ahora sé que no las toman los médicos ni los pacientes ni los gobernantes, las toman las empresas aseguradoras, las pirañas."

Al salir de allí, completamente desesperado y abatido por la serie de desgracias que lo habían asolado en tan poco tiempo, se intentó suicidar con el coche estacionándose en las vías del tren. Sorprendentemente sobrevivió al accidente, lo que le hizo reflexionar y tomó como una señal. A partir de entonces comenzó a apreciar la vida y sus ansias por que los demás también empezaran a valorarla le llevó crear los macabros juegos que todos conocemos. Dichos juegos siempre guardaban una solución y su objetivo era poner a prueba las ganas de vivir que tenían sus víctimas. Las elegía según los errores o crímenes que hubieran cometido, de manera que cuando salieran le diesen un nuevo rumbo a su existencia sin volver a cometer el mismo fallo.

Con lo que respecta a su capacidad de planificación, he de decir que se sale de lo humanamente posible. Podríamos calificar a John como un genio, ya que desde el principio planeó cada detalle con una obsesión enfermiza. Planeó incluso su propia muerte y todo lo que ocurrió después con el fin de completar el puzle, su obra.

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