viernes, 8 de noviembre de 2013

Ese amigo imaginario...

"La sierra", método de tortura empleado por la inquisición.
No es ningún secreto que el ser humano todavía desconoce la inmensa mayoría de lo que ocurre en el universo. Después de más de 120.000 años de existencia apenas somos capaces llegar a la luna y enviar robots a nuestro planeta vecino. La revolución industrial, que tantas innovaciones nos ha procurado, comenzó en la segunda mitad del siglo XVIII y a principios del XIX. Algo tarde si tenemos en cuenta la antigüedad de nuestra especie.

Una de las principales razones del atraso tecnológico son los viejos dogmas, las supersticiones, el miedo a lo desconocido y, obviamente, la madre de todas ellas: las religiones. Ese amigo imaginario que tantos palos en las ruedas nos ha puesto es el principal responsable de nuestro enorme retraso tecnológico. Durante generaciones se ha lavado el cerebro a la gente para que se preocupe por lo que habrá después de la vida en lugar de hacerlo por el presente, los adoctrinan para que se conformen con lo poco que tienen en lugar de utilizar la razón e intentar escalar posiciones para portar una vida más digna. Se autoconsuelan pensando que ellos se posicionarán a la derecha del “padre” y que el ricachón de esa inmensa mansión de la esquina irá al “infierno”. Luego, no se paran a pensar que todas las innovaciones en medicina y tecnología que disfrutan hoy en día han sido creadas, en no pocas ocasiones, por gente más atea que el propio Lenin. Y es algo completamente lógico, ya que una mente fundamentada en el conocimiento y el estudio tiende a ser más crítica con todo lo que le rodea. Siempre se preguntará el motivo por el que ocurre esto o aquello y el porqué se dice que algo es cierto.

En la antigüedad, tras la iglesia considerar que pintar y hacer esculturas de dios no era una blasfemia, comenzó una etapa de explosión artística sin precedentes: el renacimiento. Muchos hemos admirado los hermosos frescos de diversas catedrales y las estatuas de Miguel Ángel, pero irónicamente, como Leonardo Da Vinci, Miguel Ángel también era ateo. Estos dos personajes (entre muchos otros) se veían obligados a pintar y a tallar figuras religiosas para poder subsistir, de modo que resulta realmente chocante que las mejores obras de arte de carácter religioso fueran creadas por gente que detestaba la Iglesia.

El inmenso avance logrado por los griegos antes de que apareciera la religión católica (con todas sus variantes) y los romanos tuvo un brutal parón cuando los intereses de la iglesia se interpusieron. Fueron casi dos mil años tirados a la basura tecnológicamente hablando, y la verdad es que no puedo ni imaginar hasta dónde habríamos llegado hoy si el Vaticano no hubiera aparecido. Un Vaticano que sin ningún pudor apoyó a Hitler, a Franco y hasta a Mussolini, de los cuales se lucró enriqueciéndose desproporcionadamente. A veces, sinceramente, me gustaría que todas esas personas que incluso lloran cuando ven al papa leyeran un poco de historia.

En la edad media estaba terminantemente prohibido enseñar a leer a la “plebe”, una medida que revelaba el miedo que tenían a que los ciudadanos de a pié empezaran a hacerse preguntas una vez tuvieran el cerebro desembotado. Obviamente, les convenía mantenerlos en la ignorancia para que siguieran conformándose con las pocas migajas que recogían. ¡Y que no se les ocurriera enriquecerse!, pues de lo contrario irían al infierno por avariciosos.

Por desgracia, la religión es una espinita que nunca conseguiremos quitarnos de encima. Da igual los años que pasen o las épocas que al ser humano le toque vivir. Poseer el don de saber razonar y pensar en ocasiones puede ser un arma de doble filo, ya que el miedo a la muerte siempre se encontrará presente.

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