lunes, 25 de noviembre de 2013

El cierre de RTVV

Dicen que cuando uno se ve con la soga al cuello es cuando realmente empieza a escupir verdades. Se trata de un acto reflejo cuyo objetivo no es otro que el de intentar defenderse ante el panorama que se le viene encima aun sabiendo que el resultado va a ser el mismo. Es un modo de protestar para intentar irse por “la puerta grande” pero, en mi opinión, ese único acto de rebeldía expuesto en los últimos agónicos suspiros de la cadena  puede traducirse en una sola palabra: incompetencia.

Incompetencia por haber empezado a hacer realmente su trabajo sólo cuando advirtieron el inminente cierre de Canal 9, incompetencia por esas noticias parciales y fragmentarias que en muchas ocasiones nos han expuesto e incompetencia por haber tapado impunemente tragedias tan sonadas como la del metro de Valencia. Y es que resulta triste y enervante que una cadena deba verse a pocos días de su extinción para informar como es debido sobre TODO.

Cuando vi que RTVV empezaba a difundir informaciones sobre el despilfarro, la deuda y el uso partidista de la canal autonómica durante las dos últimas décadas no sabía que pensar. ¿Qué hago, me indigno con los políticos o con la cadena por decir lo que todos sabíamos tan tarde?. ¿Me cabreo con ambos a la vez?.

El problema de todo esto es que los trabajadores, muchos de los cuales mantienen a la familia con su sueldo, no pueden permitirse el lujo perder el puesto de trabajo por un repentino acto de rebeldía. La gente de a pie cuya forma de vida se basa única y exclusivamente en eso tiene las manos atadas y no puede hacer gran cosa, pero es en momentos como estos, cuando ya no tienen nada que perder, el instante en que surge la verdad sin ningún tipo de maquillaje. Esa verdad, fruto de la desesperación, que sólo sale cuando la caída por el precipicio está asegurada.

A pesar de todo, RTVV refleja lo que son todas las canales de radio y televisión. Cada una de ellas se mueve con fines políticos y partidistas, criticando a la oposición pero poniendo en un pedestal al otro partido manteniéndose fiel al mismo cual perro con su amo. Nunca razona, no es capaz de ver los errores del que defiende y, si los ve, lo importante no es reflexionar sobre ello, sino evitar hablar del tema para no difundir todavía más la información. Da igual que lo que digas no se lo crea nadie, lo crucial es guardar las apariencias y decir lo “políticamente correcto”.
Una de las razones por las que no me fio demasiado de lo que digan ciertos canales de televisión es esa tendencia a escoger la información con pinzas. Colocan un dato aparentemente positivo y te lo explotan hasta la saciedad. Un claro ejemplo de ello es la noticia de que el paro ha subido menos este año en proporción a los anteriores. Claro, te sueltan eso a la cara omitiendo que se considera que una persona ya no se está parada cuando trabaja un mínimo de dos horas a la semana. También omiten aquellas horas extraordinarias que muchos se ven obligados a realizar para no verse en la calle y la precariedad a la que la gente de clase media se encuentra sometida ante los trabajos de tiempo parcial. Así que sí, el paro ha subido menos en 2013, pero...¿a qué precio?.

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