lunes, 4 de noviembre de 2013

El accidente del metro de Valencia

En 2006, poco tiempo antes de que el papa Benedicto XVI visitara Valencia, en esa misma ciudad ocurrió un accidente. Un accidente para muchos desconocido a causa de la censura informativa que hubo en toda España y especialmente por las cadenas Valencianas. Un accidente que hasta el día de hoy no ha tenido un solo responsable claro.

La tragedia acaecida en el metro de Valencia causó un total de 43 muertos y 47 heridos. Los fallecidos provenían básicamente del primer vagón, que fue el que se llevó la peor parte. Dicho tren lo conducía Joaquín Pardo y estaba formado por dos unidades con dos coches motores cada una. Salió de la estación de “Plaça d'Espanya” en dirección a Torrent, ambas de la línea 1, y descarriló alrededor de las 13:03 horas a escasos 50 metros en la curva de entrada de la estación de Jesús, que cambió de nombre tras el accidente a ‘Joaquín Sorolla’. Tras las quejas de las víctimas del accidente fue posteriormente renombrada como estación de Joaquín Sorolla-Jesús.


Según la versión oficial la causa se debió a un exceso de velocidad por parte del maquinista, cosa que hace que todas las culpas de la catástrofe caigan sobre él. Qué oportuno, ¿verdad?. No obstante, la realidad es algo más compleja que ese supuesto “fallo humano”, ya que el sistema de seguridad de esta línea era el denominado Frenado Automático Puntual (FAP), que se acabó de instalar el año 1999. Se trata de un sistema de balizas que actúan como puntos de información al maquinista, ya que el tren y la baliza interaccionan electromagnéticamente y avisan al conductor o incluso detienen el tren si es necesario con la información que le proporciona cada captador del FAP. Sin embargo, éste sistema solo está en los puntos críticos de la vía.

A pesar de todo, este sistema automático de emergencia era 40 veces más barato que los que se suelen usar en el resto de España, que es el ATP, el cual habría evitado el accidente. En 2003 también se produjo un descarrilamiento y los maquinistas llevaban bastante tiempo reclamando que se actualizasen los sistemas de seguridad en esa zona, pero por desgracia no tuvieron éxito. En diciembre del mismo año, en lugar de prevenir posibles futuros accidentes haciendo caso a las peticiones de los maquinistas pusieron una señal de velocidad y punto.

Años más tarde, concretamente en 2013, en el programa de salvados salió un maquinista diciendo que las ventanas de los vagones habían sido cambiadas por unas de protección de plástico para evitar los destrozos de los vándalos. Por lo que parecía, dichas ventanas no estaban bien selladas y el material que habían utilizado para hacerlo no era el adecuado. De hecho, una de las razones por la que hubo tanta carnicería fue precisamente porque las ventanas se desprendieron y los ocupantes salieron despedidos hacia fuera, siendo obviamente machacados por el metal.

Según citan ciertas fuentes, en la cadena valenciana se dio la orden por parte de la editorial de no variar el contenido informativo de ese mismo día, lo cual se interpreta como un evidente intento de “tapar” lo acaecido ante la inminente visita del papa. Al parecer, la supuesta inversión económica que iba a suponer su llegada importaba más que los hombres, mujeres y niños que yacían desmembrados a lo largo de toda la oscura vía.

Según los técnicos, si a lo largo de toda la vía por la que circuló el tren a 80 kilómetros por hora en lugar de a los 40 permitidos hubieran instalado una baliza de 3000 euros, se habría podido evitar el accidente.

La comisión de investigación que logró abrirse gracias a la presión de los partidos opositores apenas duraron unos pocos días a causa de los numerosos vetos de los populares, y al haber falta de pruebas el caso quedó archivado. Salta a la vista que el libro de averías original en conjunto con todas sus copias desaparecieron “misteriosamente” cuando se investigaba el caso.

Luego, el 17 de mayo de 2013, la fiscalía reabrió la investigación sobre el accidente, pero por lo que parece, nuevamente se quedo en nada.

En cuanto a la visita del papa, se produjo un fraude fiscal de 633.771 euros. La cuestión es no perder el tiempo.

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